Laura BaroliKinesiología · Piso pélvico

Tu suelo pélvico te habla · Capítulo 09

Las estaciones del cuerpo: embarazo, parto y posparto

«El parto se entrena; el posparto se respeta»

Euge tuvo dos partos que parecen de dos mujeres distintas. En el primero llegó sin preparación: pujó como le gritaban que pujara —aire trancado, cara morada—, sufrió un desgarro importante y pasó meses con dolor y pérdidas que «eran normales, señora, acaba de tener un bebé». Cuando quedó embarazada por segunda vez, vino a verme con una sola frase: «Esta vez, no». Preparamos el cuerpo: masaje perineal, pujo exhalando, posiciones, plan de posparto. Su segundo hijo nació de un expulsivo breve, sin desgarro. Pero lo que Euge más agradece no es eso: es que esta vez, a los dos meses, se sentía persona.

Embarazo: el entrenamiento de fondo

Durante el embarazo tu suelo pélvico carga, literalmente, un mundo que crece. Lo mejor que podés hacer por él: moverte (el ejercicio adaptado en el embarazo es protector, no riesgoso), aprender ya mismo a hacer todo esfuerzo exhalando, cuidar el intestino como oro (el estreñimiento gestacional es casi una regla, y ya sabés lo que opina tu periné del pujo), y desde la semana 34 aproximadamente, incorporar el masaje perineal: unos minutos, varias veces por semana, de masaje suave de la zona con aceite, para darle elasticidad al tejido que va a tener que estirarse. Te enseño la técnica en consulta (podés hacerlo vos o tu pareja) y está entre las cosas con mejor evidencia para reducir desgarros.

Parto: tu periné no empuja — se aparta

Este dato cambia todo: el motor del parto es el útero, uno de los músculos más potentes del cuerpo. El trabajo de tu suelo pélvico no es empujar al bebé: es correrse del camino, abrirse, dejar pasar. Por eso el pujo con el aire trancado y la cara morada, sostenido a gritos de tribuna, juega en contra: mete una presión enorme sobre un periné que justo en ese momento necesita soltarse. El pujo que preparamos es otro: exhalando, dirigido hacia abajo y adelante, con el periné entrenado para abrir. También ayudan la libertad de movimiento y las posiciones (de costado, en cuadrupedia, verticales) cuando el equipo médico y la situación lo permiten. Todo esto se conversa antes con tu obstetra o partera: llegar con lo hablado es parte de la preparación.

Posparto: el mes de oro (y las doce semanas de obra)

Del posparto se habla poco y se exige mucho. Mi versión corta: acabás de hacer el esfuerzo físico más grande de tu vida, y los tejidos tardan meses —no cuarenta días— en remodelarse. Las primeras semanas son de oro: descanso real (dormir cuando el bebé duerme no es un lujo, es indicación), frío local los primeros días si hubo puntos, banqueta y exhalación para la primera evacuación (el miedo universal: se puede, y con apoyo de la mano sobre los puntos, mejor), pedir y aceptar ayuda. Si tu parto fue cesárea, también es posparto quirúrgico: esa cicatriz se cuida, y más adelante se masajea y desensibiliza — me vas a escuchar insistir con esto, porque una cicatriz bien tratada evita molestias años después.

Pasada la cuarentena llega el turno de la revisión del suelo pélvico y del abdomen (¿te revisaron la diástasis, esa separación de los rectos del abdomen tan común tras el embarazo?). Mi posición es simple: la revisión posparto de la mamá debería ser tan obligatoria como los controles del bebé, tengas o no síntomas. De ahí sale tu plan de retorno: primero reconexión (respiración, suelo pélvico, faja profunda), después fuerza, después impacto —correr y saltar quedan para el final, no para la semana seis—. Y los abdominales clásicos, ya sabés (capítulo 3): por ahora, no.

¿Y la intimidad? Cuando el cuerpo Y la cabeza digan que sí: la cuarentena es un mojón administrativo, no un botón de encendido. Los primeros encuentros, con calma, mucho diálogo y lubricante (la lactancia baja los estrógenos y la sequedad es esperable). Y si duele, no te acostumbres: consultá. Ya sabés lo que el dolor aprende cuando se lo aguanta.

Tu suelo pélvico dice

Acabo de hacer el trabajo de mi vida: me estiré como nunca para dejar pasar a tu bebé. Dame mi mes de oro, mis meses de obra, y entrename de a poquito. Te devuelvo todo, con intereses. Firmado: tu suelo pélvico, en reconstrucción y orgulloso.

Mito«Con cesárea, el suelo pélvico queda intacto.»
RealidadLos nueve meses de peso y presiones cuentan igual, y la cesárea suma su propia cicatriz, que también necesita cuidados. Toda mamá merece su revisión, nazca como nazca su bebé.
Mito«A los 40 días estás recuperada: sexo, correr, abdominales.»
RealidadA los 40 días recién empieza la reconstrucción. El retorno es progresivo y por etapas; el impacto y las cargas grandes van al final. Respetar los tiempos no es debilidad: es estrategia.
Mito«Pérdidas y dolor después del parto: es lo que hay, acabás de ser mamá.»
RealidadSon frecuentes y son tratables. «Acabar de ser mamá» no es un diagnóstico: es una razón más para que te cuiden bien.

Hacé esto hoy

  • Si estás embarazada: practicá hoy tres esfuerzos cotidianos exhalando, y anotá tus dudas sobre el parto para la próxima consulta.
  • Si estás en posparto: conseguí tu banqueta, aceptá una ayuda concreta que te ofrecieron esta semana… y agendá tu revisión.

Para charlar en la consulta — anotá y traé

  • Contame tu parto (o tus partos): cómo fue, qué sentiste, qué te quedó. Todo eso es información clínica valiosa.
  • ¿Tenés cicatrices (episiotomía, desgarro, cesárea)? ¿Las tocás o preferís no mirarlas?
  • ¿Cómo venís durmiendo y con cuánta ayuda contás? (Sí: eso también es parte del tratamiento.)
Este capítulo es parte de Tu suelo pélvico te habla, el material educativo que acompaña los tratamientos del consultorio. Es información general: no reemplaza la consulta ni las indicaciones de tu profesional. Ante dolor, sangrado o síntomas nuevos, consultá primero.

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