La misma semana atendí a dos mujeres con el mismo síntoma: pérdidas de orina al toser. A Karina la evalué y encontré un suelo pélvico flojo, sin tono, que no llegaba a cerrar a tiempo. A Vera la evalué y encontré exactamente lo contrario: un suelo pélvico durísimo, agotado, tan contracturado que ya no tenía margen para apretar más. El mismo síntoma. Tratamientos opuestos. Si Vera hubiera seguido los consejos que le servían a Karina, habría empeorado.
Este es, quizás, el secreto mejor guardado de mi especialidad: el suelo pélvico puede fallar por débil… o por exceso de tensión. Y las dos cosas dan síntomas parecidos. Pensá en tu mano: si te pido que sostengas un vaso y tu mano está sin fuerza, se le cae. Pero si tu mano lleva tres horas cerrada en un puño, tampoco puede sostenerlo: está tan agotada de apretar que ya no responde. Un músculo contracturado es un músculo débil que además duele.
Señales que orientan
Las listas de abajo te dan pistas, pero atención: son orientativas. La única forma de saber cómo está tu suelo pélvico es evaluándolo. En mi consultorio, una gran parte de las consultas —cerca de la mitad— no son por debilidad sino por exceso de tensión. ¿Entendés ahora por qué me da escalofríos el consejo universal de «hacé ejercicios de apretar y listo»? Para la mitad de las mujeres, apretar más es echar nafta al fuego.
- Suena más a debilidad: pérdidas al toser, reír, saltar o correr; sensación de poca fuerza al retener; pesadez al final del día; gases vaginales; orgasmos más apagados que antes.
- Suena más a exceso de tensión: dificultad para arrancar el chorro de pis o sensación de vaciado incompleto; ardor o urgencias frecuentes con estudios normales; dolor o imposibilidad en las relaciones o al colocar un tampón; estreñimiento «de salida» (llegás con ganas y no sale); dolor pélvico.
Y sí: se puede tener las dos cosas a la vez, en zonas distintas del mismo suelo pélvico. Por eso insisto tanto con la evaluación.
Qué pasa en la valoración (spoiler: nada que temer)
Muchas mujeres postergan la consulta por miedo a la evaluación. Te cuento cómo es, para sacarle el misterio: primero charlamos (tu historia, tus partos, tus hábitos, tus síntomas: la charla es la mitad del diagnóstico). Después, si estás de acuerdo, hago una evaluación física suave, con guante y a tu ritmo, donde valoro tono, fuerza, coordinación y zonas sensibles. Vos tenés el control en todo momento: si querés frenar, frenamos. No duele, no hay apuro y no hay juicio. De ahí sale tu plan: fortalecer, relajar, o una combinación con su orden correcto.
Tu suelo pélvico dice
A veces no estoy flojo: estoy exhausto de apretar. Vivo en guardia por vos —por el estrés, por los sustos, por viejos dolores— y ya ni me acuerdo de cómo se descansa. Si me exigís más fuerza, me cierro más. Enseñame primero a soltar.
Hacé esto hoy
- Hacé la prueba del puño: cerrá el puño con fuerza y sostenelo 60 segundos. Sentí cómo pierde fuerza, cómo molesta, cómo pide soltar. Así vive un suelo pélvico tenso, todo el día.
- Marcá en las listas de este capítulo las señales que reconocés en vos.
Para charlar en la consulta — anotá y traé
- Traé marcadas tus señales de las dos listas.
- ¿Te cuesta más apretar… o soltar?
- ¿Hay antecedentes de dolor en tu zona pélvica (estudios, partos, cirugías, golpes)?